El evento ocurrió cerca del mediodía y generó alarma en la población de esta ciudad, una de las más habitadas del mundo. Poco después, se registraron dos nuevas réplicas de 4.4 y 4.9 grados, lo que aumentó el temor entre los habitantes.
La vibración del suelo fue tan intensa que personas en oficinas, viviendas y centros comerciales abandonaron los inmuebles y se volcaron a las calles, buscando resguardo ante la posibilidad de nuevos movimientos. Las autoridades informaron que no se reportan víctimas ni daños estructurales significativos hasta el momento.
Además de Estambul, las sacudidas también fueron percibidas en otras zonas del país como Ankara y Esmirna. La Agencia Nacional de Gestión de Catástrofes (AFAD) movilizó inmediatamente equipos técnicos para hacer inspecciones de campo y evaluar posibles afectaciones.
Por su parte, el ministro del Interior de Turquía y el ministro de Transporte confirmaron que los sistemas de transporte –carreteras, ferrocarriles, metro y aeropuertos– no sufrieron daños. Sin embargo, pidieron a la ciudadanía no ingresar a edificaciones con posibles afectaciones mientras se realizan las inspecciones técnicas correspondientes.
Este nuevo episodio sísmico se suma a la larga historia de actividad tectónica que afecta a Turquía, un país habituado a los terremotos, pero no por eso menos vulnerable. En la memoria colectiva aún persisten los devastadores sismos de febrero de 2023, que afectaron a Siria y Turquía y dejaron cerca de 50 mil muertos.
