El presupuesto de 2026 del gobierno del presidente Gustavo Petro revela una preocupante tendencia: la creciente rigidez fiscal y los compromisos con la deuda están sacrificando el futuro del país en aras de solventar el pasado. Con un total de $521,2 billones propuestos, la asignación destinada a inversión pública representa solo el 11% del presupuesto, unos $59 billones, una cifra significativamente más baja que los $100 billones destinados a inversión en 2024, el monto más alto en la historia del país.
Esta caída del 27% en comparación con 2025 ha generado preocupación, ya que se destinarán $324,8 billones (62%) a funcionamiento y $137,4 billones (27%) a pagar la deuda pública. Según expertos del Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana, esta disminución refleja un sacrificio del crecimiento futuro, pues el país se ve obligado a reducir la inversión en áreas clave como infraestructura, programas sociales y proyectos estratégicos para cubrir gastos previos.
El panorama no solo preocupa por la caída en la inversión, sino también por las medidas fiscales que se están preparando, como el aumento de la retención en la fuente y la presión sobre el mercado de TES, lo que podría generar consecuencias para el próximo gobierno. Los analistas advierten que este ajuste no es coyuntural, sino el resultado de una creciente rigidez en las finanzas del Estado, limitando las posibilidades de desarrollo y generando un ciclo económico preocupante.
