La región de Cachemira, dividida entre India y Pakistán desde mediados del siglo XX, volvió a convertirse en epicentro de una grave confrontación. Tras un reciente atentado contra turistas indios en Pahalgam —por el que India culpa a militantes con apoyo paquistaní—, Nueva Delhi lanzó un operativo que incluyó ataques con misiles en distintos puntos de Pakistán y su parte administrada de Cachemira. Esta acción, bautizada como “Operación Sindoor”, fue presentada como una ofensiva puntual que evitó instalaciones militares, aunque el impacto humano fue considerable.
Pakistán, por su parte, informó que 26 personas murieron y otras 46 resultaron heridas como consecuencia de los bombardeos indios, mientras que India reportó al menos 15 víctimas fatales tras una respuesta con artillería desde el lado paquistaní. Islamabad aseguró que los lugares golpeados fueron Bahwalpur, Muzaffarabad y Kotli. También indicó que tiene autorización total para tomar represalias en el momento y forma que considere adecuado. Las tensiones diplomáticas y militares no han dejado de aumentar.
El ataque sorprendió por su intensidad, pese a que ya se anticipaban acciones tras el atentado anterior. Las fuerzas paquistaníes respondieron de inmediato, tanto con fuego como con declaraciones, calificando la ofensiva india como una provocación deliberada y cobarde. Las autoridades también cerraron el espacio aéreo en regiones estratégicas como Lahore y Karachi, mientras India suspendía vuelos en zonas cercanas a la frontera como Rajastán y Punjab.
En medio del caos, la comunidad internacional expresó preocupación. La ONU hizo un llamado urgente a la moderación, advirtiendo que un conflicto entre potencias nucleares tendría consecuencias devastadoras. Estados Unidos, aunque sin pronunciamientos contundentes, se declaró al tanto de la situación y pidió calma. La crisis también tiene un componente interno: ambos gobiernos quieren mostrar fuerza ante su ciudadanía, lo que eleva el riesgo de una escalada difícil de contener.
