En medio de una nueva escalada militar en Ucrania, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó fuertes críticas contra el mandatario ruso Vladimir Putin, a quien responsabilizó por un ataque aéreo sin precedentes que dejó al menos 12 muertos y decenas de heridos. Trump, visiblemente molesto, cuestionó el accionar del Kremlin, calificando la ofensiva como una muestra de desequilibrio y una amenaza directa a la estabilidad de la región.
El bombardeo de Rusia, que involucró más de 360 drones y misiles en una sola noche, representa el ataque más masivo desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022. El episodio desencadenó una ola de condenas internacionales, mientras Ucrania denunciaba que la tibieza de algunos aliados, especialmente de Washington, podría estar envalentonando al Kremlin.
Trump, quien pasó el fin de semana en Nueva Jersey antes de regresar a Washington, no solo arremetió contra Putin, sino que también dirigió críticas hacia el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky. Según el mandatario estadounidense, algunas declaraciones de su homólogo en Kyiv estarían dificultando los intentos de negociación y agravando la tensión internacional.
Aunque Estados Unidos mantiene abierta la posibilidad de mediar en un alto el fuego, la Casa Blanca ha advertido que se retirará del proceso si no observa avances concretos. La semana pasada, Trump sostuvo una conversación telefónica con Putin para discutir un cese de hostilidades, y posteriormente aseguró que las partes iniciarían negociaciones de forma inmediata. Sin embargo, las reacciones desde Ucrania y Europa fueron más cautelosas, considerando la postura rusa como una estrategia dilatoria.
Rusia, que actualmente ocupa cerca del 20 % del territorio ucraniano —incluyendo Crimea—, ha planteado la elaboración de un documento conjunto con Ucrania para explorar una posible paz. No obstante, hasta ahora, los diálogos directos, como los que se llevaron a cabo recientemente en Turquía, han producido escasos avances, salvo por un intercambio de prisioneros que trajo algo de alivio humanitario, pero sin señales claras de un alto el fuego duradero.
