La Fundación Humanitaria de Gaza (GHF) es una organización creada recientemente, con el respaldo de Israel y Estados Unidos, para gestionar la entrega de ayuda humanitaria en la Franja de Gaza, donde la crisis alimentaria se agrava tras un bloqueo impuesto por Israel que dura ya tres meses. Este plan, sin embargo, ha sido rechazado por Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales, que advierten sobre el riesgo de que la ayuda se use como herramienta de control y militarización, además de que podría causar un desplazamiento masivo de la población palestina.
El sistema propuesto por la GHF establece cuatro puntos de distribución principalmente en el sur de Gaza, desde donde se entregarán cajas con alimentos y artículos de primera necesidad a las personas que puedan desplazarse hasta allí. No obstante, este modelo excluye a quienes tienen movilidad reducida, discapacidades o heridas, poniendo en riesgo a los grupos más vulnerables. Además, la distribución estará vigilada por fuerzas israelíes y seguridad privada estadounidense, lo que para muchos expertos viola los principios de imparcialidad y neutralidad que deben regir la ayuda humanitaria.
La ONU y otras entidades han denunciado que esta estrategia podría facilitar un desplazamiento forzado de la población hacia el sur de Gaza, dejando áreas abandonadas, en línea con lo que algunos describen como un plan de despoblación del norte de la Franja. Según estas críticas, obligar a la gente a caminar largas distancias bajo estrictos controles militares para recibir ayuda incrementa los peligros y agrava la crisis humanitaria.
Pese a las fuertes objeciones, la Fundación anunció que inició la entrega de alimentos, difundiendo imágenes que muestran a personas recogiendo cajas en sitios no especificados. Sin embargo, esta acción no ha logrado disipar las dudas sobre la transparencia y legalidad del proceso. Dos altos funcionarios, incluido el director ejecutivo inicial, renunciaron señalando que el plan no cumple con los principios humanitarios básicos. Por su parte, la GHF defiende que su sistema cumple con esos estándares y que podrá alimentar a un millón de personas para finales de semana.
La situación en Gaza sigue siendo crítica. Más de 2 millones de palestinos sufren las consecuencias del bloqueo y la guerra, enfrentándose a una hambruna inminente. La ONU insiste en que la ayuda debe distribuirse con neutralidad, sin militarización ni politización, y alerta que el actual plan podría agravar el sufrimiento y aumentar el desplazamiento forzado.
En el contexto, Israel mantiene que esta iniciativa es necesaria para evitar que Hamás desvíe la ayuda, aunque no ha presentado pruebas al respecto. La tensión se mantiene alta, con una ofensiva militar israelí en curso y miles de civiles atrapados en medio del conflicto, mientras la comunidad internacional debate la mejor manera de garantizar la asistencia humanitaria sin violar derechos y principios fundamentales.
