Más de 650 aves como loras y guacamayas han sido rescatadas del cautiverio en el Valle de Aburrá desde 2024

Nacional

La tragedia de una lora frentiamarilla que pasó más de tres décadas encerrada en un hogar de Itagüí expone la dura realidad que viven muchas aves silvestres en el Valle de Aburrá. Aunque fue rescatada recientemente por las autoridades ambientales, la gravedad de su estado físico y emocional, resultado de 32 años de encierro, impidió su recuperación. Murió días después de ser llevada al Centro de Atención y Rehabilitación del Área Metropolitana.

Su caso es un ejemplo de lo que sufren muchas especies como pericos, cotorras y guacamayas cuando son retenidas como mascotas. La lora, cuyo nombre científico es Amazona ochrocephala, fue alimentada durante décadas con productos inadecuados como galletas y aguapanela. Llegó con el pico deformado, uñas extremadamente largas que le impedían sostenerse o alimentarse, plumas deterioradas y una severa dermatitis.

Una práctica ilegal y dañina

Andrés Gómez Higuita, zootecnista y coordinador de la red de atención a fauna silvestre del Área Metropolitana del Valle de Aburrá (AMVA), informó que entre 2024 y mayo de 2025 se han atendido 1.545 aves psitácidas (grupo que incluye guacamayas, loras, pericos y cotorras). De ellas, 484 fueron entregadas voluntariamente y 171 fueron recuperadas mediante operativos contra el tráfico ilegal.

Gómez enfatiza que mantener estas aves en cautiverio es una conducta penalizada por la ley, independientemente de si se entregan de forma voluntaria. Aun así, muchas personas aún ignoran que tener un loro en casa no solo es ilegal, sino que afecta profundamente la salud y el comportamiento del animal.

Una amenaza silenciosa: el tráfico de fauna

Después de las tortugas, los psitácidos son las especies que más se recuperan en la región. Muchas de las aves atendidas por el AMVA han llegado con lesiones provocadas por colisiones, ataques de mascotas o tras caer de sus nidos siendo crías.

Irónicamente, algunas de estas aves hoy vuelan libres por parques y zonas residenciales del Valle de Aburrá, aunque no sean nativas de la región. Su presencia se debe, en parte, a décadas de liberaciones irresponsables o escapes desde viviendas donde fueron mantenidas ilegalmente. Muchas provienen de zonas como el Magdalena Medio, el Urabá, el norte del país o incluso de la Amazonía, de donde fueron extraídas ilegalmente.

Cautiverios prolongados con consecuencias irreversibles

Los casos más impactantes que se atienden en el centro de rehabilitación son los de aves que han vivido toda su vida en encierro. Algunas llegan tras 15, 20 o incluso 40 años alejadas de la naturaleza. Han olvidado cómo volar, no reconocen a los depredadores, no saben alimentarse solas y muchas ni siquiera emiten sonidos propios de su especie. Algunas han sido obligadas a repetir frases humanas o incluso himnos y rezos.

Frente a esta situación, las autoridades hacen un llamado a la ciudadanía para que eviten participar en el tráfico de fauna silvestre y denuncien casos de tenencia ilegal. A su vez, el AMVA continúa trabajando en programas de educación ambiental y rehabilitación, aunque muchas veces, como en el caso de la lora frentiamarilla, el daño ya es irreversible.

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