Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, junto con un entorno financiero global inestable, están provocando un giro significativo en las decisiones de inversión durante 2025. Frente al aumento de la volatilidad y el riesgo, los inversionistas están optando por estrategias más conservadoras, priorizando activos considerados seguros como los fondos monetarios y la renta fija de alta calidad.
El crecimiento de estos instrumentos ha sido notable. Solo en el primer trimestre del año, los fondos del mercado monetario acumularon más de 7 billones de dólares en activos, reflejando una preferencia clara por alternativas que combinen seguridad, liquidez y rendimientos estables, actualmente por encima del 4 %. En paralelo, los bonos corporativos bien calificados ofrecen retornos cercanos al 5 %, posicionándose como una opción atractiva frente a la incertidumbre bursátil.
Este cambio responde también al impacto de las nuevas políticas arancelarias impulsadas por Estados Unidos, que han generado fricciones en las cadenas de suministro y aumentado los costos de producción. En consecuencia, la renta variable ha perdido fuerza, y muchos portafolios han sido reconfigurados para reducir exposición al riesgo, favoreciendo activos de bajo perfil como los bonos soberanos, municipales y algunas notas estructuradas con protección parcial del capital.
Si bien sectores como tecnología o energía mantienen su atractivo a largo plazo, los expertos coinciden en que el contexto actual exige disciplina y diversificación. Con tasas de interés elevadas, políticas monetarias restrictivas y presiones inflacionarias en el horizonte, los activos defensivos se consolidan como la herramienta principal para preservar el capital sin abandonar del todo la rentabilidad.
