Explosión global del mercado de cocaína tiene sello colombiano, advierte la ONU

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El comercio de cocaína, que durante décadas estuvo concentrado en América y Europa, ha cruzado nuevas fronteras. Hoy, la droga circula con fuerza en puertos africanos, grandes urbes asiáticas e incluso en regiones insulares del Pacífico. La expansión ya no es una proyección: es una realidad.

Así lo alertó la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), que advierte un cambio de época en el tráfico global de estupefacientes. Si antes las rutas estaban claras, los puertos vigilados y los consumidores bien perfilados, hoy todo eso ha mutado: el narcotráfico se ha descentralizado, las rutas se multiplicaron y la demanda se globalizó.

“Lo que vemos no es solo más cocaína, sino una red más sofisticada, más eficiente y con presencia en espacios donde antes era marginal”, aseguró un vocero del organismo en Viena, donde se presentó el nuevo balance anual sobre drogas.

África Occidental se está convirtiendo en una nueva plataforma de distribución. Grandes cargamentos llegan en buques comerciales y desde allí se fragmentan hacia Europa o Medio Oriente. Mientras tanto, en Asia, países con enormes poblaciones —como India, China y Filipinas— comienzan a mostrar indicios de un consumo creciente, aunque aún discreto si se mira en proporción. El problema: incluso un consumo leve en esas regiones significa millones de usuarios potenciales.

Los cambios no solo se sienten en la geografía. También en la dinámica de producción. La cocaína de hoy es más pura, más barata y más abundante. Los grupos criminales compiten por territorios y rutas, lo que paradójicamente ha reducido los precios y aumentado la disponibilidad. El negocio está menos concentrado y más competitivo. Y eso lo hace más difícil de controlar.

Frente a este panorama, la ONU advierte que las estrategias del pasado están quedando obsoletas. “Ya no basta con vigilar las salidas de Sudamérica. Hay que entender que la cocaína ahora se mueve como una mercancía global, que circula por canales financieros, redes digitales y estructuras logísticas empresariales”, señaló la organización.

A este fenómeno se suma otro riesgo: el impacto social en países sin preparación para enfrentar la llegada masiva de drogas. Sistemas de salud colapsados, falta de infraestructura para atención de adicciones, y autoridades locales sin herramientas jurídicas ni tecnológicas para responder.

Hoy, la cocaína ha dejado de ser un asunto de fronteras latinoamericanas. Es un tema de escala planetaria. Y según la ONU, si no se actúa rápido, el mundo podría estar abriendo un nuevo capítulo de crisis global: el de la normalización silenciosa del polvo blanco.

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