Lo que sería un hecho histórico para la política exterior colombiana terminó viéndose opacado por un complejo escenario diplomático. El presidente Gustavo Petro canceló a última hora su participación en la cumbre del grupo Brics, que se realiza los días 6 y 7 de julio en Río de Janeiro, Brasil.
Aunque Colombia confirmó oficialmente su adhesión al Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) —la entidad financiera del grupo conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica—, el mandatario decidió no asistir al encuentro, en medio de crecientes tensiones con el gobierno de Estados Unidos y movimientos en su gabinete.
Este paso, que representa una apuesta por diversificar las fuentes de financiamiento del país más allá del FMI y el Banco Mundial, coincide con uno de los momentos más frágiles en la relación bilateral entre Bogotá y Washington.
La situación se agravó tras el llamado a consultas por parte del Departamento de Estado a John McNamara, encargado de negocios de EE. UU. en Colombia, luego de una serie de fricciones que incluyen desacuerdos en temas migratorios y comerciales. Uno de los puntos más sensibles fue el regreso de migrantes deportados en condiciones que generaron malestar en la administración Biden.
A esto se suma la decisión del gobierno colombiano de vincularse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta impulsada por China, lo que aumentó el malestar en Washington, así como el ingreso al banco del Brics, percibido con reservas por EE. UU. debido al protagonismo de potencias como Rusia y China en esa alianza.
La ausencia del presidente Petro en la cumbre se da en un contexto en el que Colombia, aunque comienza a ocupar un nuevo espacio en la geopolítica internacional, lo hace en medio de una creciente presión externa y un clima interno marcado por reacomodos políticos.
