Lo que comenzó como un conversatorio en un colegio privado de Bogotá se ha convertido en una plataforma educativa con eco internacional. Liderado por el Colegio Bilingüe José Max León (CBJML), el movimiento “Rompamos el Silencio” surge como una respuesta directa al impacto devastador del acoso escolar y al silencio cómplice que muchas veces lo rodea.
La iniciativa nació tras la realización del encuentro “Sofocar la Apatía: la Ética del Cuidado frente al Bullying”, un espacio en el que participaron expertos del sector educativo, representantes del Estado, organizaciones sociales, medios especializados y aliados internacionales. El evento reveló un consenso urgente: el bullying no es solo un problema individual, sino una manifestación de estructuras sociales que también deben ser abordadas.
“Rompamos el Silencio” propone un enfoque profundo y preventivo, que combina la detección temprana de casos con el empoderamiento de testigos y la educación ética de toda la comunidad escolar. La premisa es clara: los espectadores pasivos pueden convertirse en actores clave para frenar la violencia y fomentar una cultura de respeto. “Denunciar no es traicionar, es defender la vida con la alegría del coraje”, sostuvo Robert Max Steenkist, gerente del CBJML.
El respaldo a esta comunidad ha sido notable. Figuras como Brigitte Baptiste, rectora de la Universidad EAN, se sumaron a la iniciativa junto con instituciones como Fundación Plan, Impacto TIC y delegados de la Secretaría de Educación del Distrito. Además, nueve colegios de Brasil y Nueva Zelanda ya forman parte de esta red colaborativa.
Más allá del discurso, la realidad es cruda: uno de cada cuatro estudiantes en Colombia ha sido víctima de acoso, según el Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana. En 2023, el Sistema Unificado de Convivencia Escolar (SUICE) registró más de 6.000 casos graves. En el mundo, organismos como la UNESCO y UNICEF alertan que el bullying y el ciberacoso afectan a millones de estudiantes y representan un riesgo directo para la salud mental y emocional de la infancia y adolescencia.
Inspirado en iniciativas como el Programa Kiva de Finlandia —que ha logrado reducir en más del 60% los casos de acoso escolar— “Rompamos el Silencio” apuesta por una transformación integral. Su propuesta no busca castigar, sino reconstruir: acompañar tanto a víctimas como a agresores, entender el entorno que lo permite, y formar comunidades capaces de prevenir antes de lamentar.
“Rompamos el Silencio” no es solo un lema: es una invitación a actuar, a educar y a sanar. Busca transformar los espacios escolares en territorios de paz, donde el cuidado, la empatía y la corresponsabilidad sean valores cotidianos. En esta cruzada están llamados a participar no solo los estudiantes y docentes, sino también las familias, los medios de comunicación y la sociedad en general.
El CBJML anunció que esta comunidad seguirá creciendo, creando alianzas, compartiendo buenas prácticas y ofreciendo herramientas reales para frenar el acoso escolar. “No se trata de reaccionar solo cuando ocurre una tragedia. Se trata de actuar ahora, con firmeza y ternura, para que ninguna niña o niño más tenga que enfrentar el miedo en silencio”, concluyó Steenkist.
