Según el Dane, Colombia reduce niveles de pobreza monetaria, pero el ingreso familiar aún es insuficiente frente al costo de vida

Economía

Las nuevas cifras de pobreza monetaria reveladas por el DANE para el año 2024 muestran un país que parece avanzar en los indicadores, pero sigue atrapado en un dilema estructural: millones de familias no logran que su ingreso mensual cubra lo más básico para vivir con dignidad.

El reporte oficial indica que el 31,8 % de la población colombiana está en situación de pobreza monetaria, un descenso frente al 34,6 % registrado en 2023. Aunque eso representa 1,2 millones de personas que dejaron de ser oficialmente pobres, las estadísticas esconden una realidad más compleja: muchas de estas personas apenas sobreviven, sin lograr una estabilidad económica real.

La línea que define si alguien es pobre en Colombia se trazó en $460.198 al mes por persona. Para una familia de cuatro, esa cifra sube a $1.840.792. Con un salario mínimo de $1.462.000 (incluido subsidio de transporte), aún faltan más de $378.000 para cruzar esa barrera. En otras palabras, un hogar donde solo uno trabaja con salario mínimo sigue considerado pobre, y su calidad de vida lo confirma.

En cuanto a la pobreza extrema —que afecta a quienes no alcanzan a cubrir ni la alimentación básica— el país tiene todavía a 5,9 millones de ciudadanos en esa condición, es decir, uno de cada diez colombianos.

Mientras tanto, la desigualdad continúa moldeando el rostro del país. Ciudades como Riohacha, Quibdó y Cartagena presentan los índices de desigualdad más altos, según el coeficiente Gini, una métrica que en Colombia sigue superando los niveles aceptables y evidencia profundas brechas entre quienes tienen mucho y quienes no tienen nada.

El costo de vida tampoco da tregua. En ciudades como Bucaramanga, Bogotá y Medellín, el valor mínimo para no ser considerado pobre es cada vez más alto, haciendo que incluso quienes tienen empleo formal o ingresos regulares enfrenten dificultades para sostenerse.

“La pobreza en Colombia no es solo falta de ingresos, es también falta de acceso a oportunidades, de estabilidad laboral, de servicios adecuados. Las cifras han bajado, sí, pero la vulnerabilidad sigue ahí, intacta”, señala Lina Marcela Suárez, investigadora en desarrollo social.

Colombia parece avanzar, pero lo hace con pasos cortos y sobre un terreno desigual. La pobreza dejó de ser una cifra que se resuelve con ingresos mínimos y se convirtió en un espejo que refleja los retos de equidad, inclusión y justicia social que aún no se han resuelto.

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