Palacio de Justicia: 40 años después, las voces que aún resuenan entre las cenizas

Nacional

Hace cuarenta años, el centro del poder judicial colombiano ardió entre fuego, humo y silencio. Era la mañana del 6 de noviembre de 1985 cuando el Palacio de Justicia, símbolo de la ley y la razón, se convirtió en escenario del horror. Durante dos días, el eco de los disparos y los gritos de auxilio cubrieron la Plaza de Bolívar, mientras el país entero asistía —impotente— a uno de los capítulos más dolorosos de su historia.

La guerrilla del M-19 irrumpió en el edificio con un mensaje político; el Estado respondió con toda su fuerza. En medio quedaron los inocentes: magistrados, empleados, visitantes y soldados que jamás imaginaron que esa jornada los convertiría en protagonistas involuntarios de una tragedia nacional. El fuego consumió expedientes, cuerpos y esperanzas. Aún hoy, algunas familias siguen buscando a quienes nunca regresaron.

A cuarenta años de la toma y retoma del Palacio de Justicia, Colombia sigue preguntándose qué aprendió de aquella herida. La memoria no solo está en los archivos judiciales, sino en las voces que sobrevivieron, en los hijos que crecieron con la ausencia y en las madres que todavía esperan respuestas.

“Cada aniversario es una herida que se abre de nuevo”, dice una de las familiares de los desaparecidos. “No pedimos venganza, pedimos verdad”. Sus palabras reflejan lo que este país no puede olvidar: que detrás de cada cifra hubo una vida, un rostro, una historia truncada por la violencia.

Hoy, donde antes se levantaban las paredes calcinadas, funciona un nuevo Palacio de Justicia. En sus muros, los retratos de los magistrados caídos y de las víctimas recuerdan que la justicia no puede arder de nuevo.

Como periodista escribir sobre la Toma del Palacio no es narrar una guerra, sino rescatar la humanidad que sobrevivió a ella. Porque, cuarenta años después, la historia sigue viva en la memoria de quienes aún esperan que el país aprenda, de una vez por todas, a no repetirse.

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