Cada 9 de febrero, cuando Colombia conmemora el Día del Periodista, es habitual escuchar a gobernadores y alcaldes exaltar la importancia de los medios de comunicación y destacar el papel fundamental que cumplen en la difusión de la gestión pública, las inversiones, las obras en ejecución y los proyectos orientados a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Sin embargo, más allá de los discursos, la realidad suele contar una historia distinta.
Al revisar los planes de medios de algunas administraciones, surgen inquietudes difíciles de ignorar. No solo en el Quindío, sino en distintas regiones del país, se observa cómo recursos publicitarios terminan en manos de espacios informativos sin trayectoria comprobada, sin estructura empresarial e incluso, en algunos casos, sin estar formalmente constituidos ante las cámaras de comercio. Mientras tanto, medios consolidados —que generan empleo, pagan arriendos, sostienen equipos periodísticos y cumplen responsabilidades administrativas— quedan por fuera o reciben asignaciones mínimas que poco contribuyen a la sostenibilidad de su labor.
No se trata de cuestionar el derecho que tiene cualquier iniciativa comunicativa de buscar apoyo institucional. El ecosistema mediático es cada vez más diverso y las plataformas digitales han abierto nuevas posibilidades para informar. El verdadero debate debería centrarse en los criterios de distribución de la pauta oficial: ¿se está priorizando la calidad, la experiencia y el alcance?, ¿existen evaluaciones transparentes?, ¿se reconoce el esfuerzo de quienes han construido medios con años de trabajo?
Resulta contradictorio que, mientras se reconoce públicamente el valor del periodismo, algunos responsables de las estrategias de comunicación parezcan desconocer el panorama real del sector. Esto plantea otra pregunta necesaria: ¿están las administraciones asesorándose de profesionales que comprendan qué es un medio de comunicación y cuál es su impacto en la sociedad?
Esta reflexión no pretende señalar ni juzgar casos particulares. Busca, más bien, invitar a los actuales y futuros gobernantes a fortalecer sus políticas de comunicación con criterios técnicos, equitativos y transparentes. Apoyar al periodismo no debería ser solo un mensaje protocolario de una fecha conmemorativa, sino un compromiso permanente con la información responsable y con la democracia.
El periodismo serio no solo informa; también construye ciudadanía, promueve el debate y contribuye al desarrollo regional. Por eso, más que homenajes simbólicos, el gremio espera decisiones coherentes que respalden de verdad su trabajo.
Ojalá que esta fecha no sea únicamente un escenario de felicitaciones, sino también una oportunidad para replantear cómo se valora y se apoya a quienes, día tras día, tienen la misión de contar la realidad.
