Universidad del Quindío capacita a 318 caficultores para optimizar la gestión de sus fincas

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La caficultura del Quindío da un paso hacia la modernización tras la certificación de 318 productores que culminaron un proceso académico enfocado en la gestión empresarial de sus fincas. La iniciativa, orientada a fortalecer la toma de decisiones en el campo, busca que el conocimiento se convierta en un aliado estratégico para la sostenibilidad del sector.

El programa fue desarrollado desde la Vicerrectoría de Extensión y Desarrollo Social de la universidad, con el respaldo de un proyecto financiado por el Sistema General de Regalías y articulado por la Gobernación del Quindío. La ejecución contó con la participación de Proyecta y el apoyo logístico de Guayacanes LJL S.A.S, entidades que apostaron por una formación ajustada a la realidad productiva del territorio.

Más que un curso, la estrategia se planteó como una herramienta para transformar la manera en que se administran los cultivos. Los contenidos abordaron temas como planeación financiera, control de inventarios, costos de producción y generación de valor agregado, todo bajo un enfoque práctico que permitiera aplicar lo aprendido de inmediato en cada predio.

Para Alejandra María Giraldo García, vicerrectora de Extensión, el compromiso de las familias participantes refleja una nueva mentalidad en el agro, donde la tradición se complementa con habilidades técnicas. La presencia de mujeres y jóvenes también fue destacada como una señal positiva para el relevo generacional que necesita la caficultura.

Desde el componente académico, el docente Mauricio Ruiz Hambra explicó que la formación buscó evidenciar que administrar una finca implica analizar variables ambientales, financieras y tecnológicas, además de planificar a largo plazo. “El campo requiere organización tanto como cualquier empresa”, resumió.

Los efectos ya comienzan a percibirse entre los participantes. Productores como Alba Lucero Suárez, integrante de la Asociación de Mujeres Cafeteras de Córdoba, aseguran que llevar registros detallados y entender los gastos del cultivo les permitirá mejorar la rentabilidad y tener mayor control sobre su negocio.

Con esta cohorte de caficultores capacitados, la universidad refuerza su papel como puente entre la academia y el desarrollo rural. El desafío ahora será trasladar ese aprendizaje a cada lote, en un contexto marcado por la variación de los precios y los retos climáticos. La apuesta es clara: un campo más preparado es también un territorio con mayores oportunidades económicas y sociales.

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