En las laderas fértiles del sur del Quindío, una revolución silenciosa está tomando fuerza. Se trata de CampeSENA, una iniciativa del Servicio Nacional de Aprendizaje que ha empezado a transformar la cotidianidad del campo, acercando programas de formación directamente a las manos laboriosas de hombres y mujeres que han dedicado su vida a la tierra.
Uno de esos rostros es el de Rosemberg Fajardo, un agricultor con raíces vallecaucanas, quien encontró en la vereda Cumaral Bajo de Génova el escenario perfecto para combinar tradición y conocimiento. A sus años de experiencia se suman ahora clases técnicas en Sistemas Agropecuarios Ecológicos, una formación que ha cambiado su manera de ver el trabajo rural.
“Esto no es solo aprender a cultivar, es prepararse para competir, para innovar, para emprender. Nos están enseñando a darle valor agregado a lo que sembramos”, cuenta con emoción.
Fajardo no solo ve en el programa una herramienta de crecimiento personal, sino una semilla que germina esperanza para las nuevas generaciones. Con el respaldo del SENA, sueña con crear un invernadero ecológico que respete la vida, promueva la soberanía alimentaria y rescate la riqueza genética de las semillas nativas. Ya cultiva maíz y frijol en distintas variedades, sin utilizar químicos, apostando por una producción sana y sostenible.
El impacto de CampeSENA ha comenzado a trascender, despertando el interés de otros agricultores que, como Rosemberg, buscan alternativas para mejorar sus condiciones de vida sin abandonar su territorio. A través del conocimiento técnico, los campesinos hoy no solo cultivan alimentos, sino también sueños de independencia económica y fortalecimiento cultural.
“Queremos que nos vean como empresarios del agro. Esta formación nos da herramientas para comercializar, para innovar sin perder nuestras raíces”, afirma Fajardo, quien planea llevar su proyecto agroecológico al Fondo Emprender, con la ilusión de consolidarlo como una empresa rural modelo.
La apuesta por la tecnificación del campo ya no es una promesa lejana. En Génova, gracias a la articulación del SENA con las comunidades, el futuro se cultiva con manos campesinas y se riega con educación.
