Esta especie invasora, que prolifera con rapidez durante temporadas lluviosas, ya ha sido identificada en más de un tercio del territorio bajo vigilancia de la CAR (Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca).
Aunque en épocas de sequía permanece oculta bajo tierra, el incremento reciente de las precipitaciones ha favorecido su salida y reproducción descontrolada. Su presencia se ha extendido a 38 municipios, especialmente en regiones como Alto Magdalena, Sumapaz, Tequendama y Gualivá, donde ha invadido jardines, parques e incluso áreas residenciales.
Esta especie no solo genera un desequilibrio en los ecosistemas por su agresiva alimentación, que incluye más de 800 tipos de plantas, cortezas y cultivos, sino que también representa un riesgo sanitario. El caracol puede ser portador de parásitos que afectan directamente al sistema nervioso y digestivo humano, transmitidos por contacto con su baba o alimentos contaminados.
De aspecto inofensivo, este molusco puede poner cientos de huevos por ciclo y vive hasta nueve años, lo que lo convierte en una amenaza persistente y difícil de erradicar. Además, ha llegado a alimentarse de residuos e incluso de elementos como concreto o pintura, deteriorando infraestructuras rurales.
Frente a esta situación, la CAR ha activado campañas de limpieza y pedagogía en zonas críticas. La directora regional del Alto Magdalena enfatizó que la eliminación debe seguir protocolos técnicos, ya que un manejo inadecuado podría empeorar el problema o poner en riesgo la salud pública.
Entre las recomendaciones está evitar tocarlo sin guantes, no aplastarlo ni quemarlo, y reportarlo de inmediato a la autoridad ambiental. Además, se debe tener especial precaución con niños, mascotas y alimentos cultivados cerca del suelo
