Colombia enfrenta una crisis fiscal cada vez más aguda. El Gobierno Nacional gasta mucho más de lo que recauda, y como resultado, la deuda pública ha crecido en más de $260 billones, encendiendo las alarmas de analistas y organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI).
De acuerdo con el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf), al cierre de marzo el Ejecutivo tenía apenas $10 billones disponibles en el Banco de la República, una de las cifras más bajas registradas. Esto representa una disminución considerable frente al promedio histórico de $26 billones y pone en riesgo pagos a contratistas, ejecución de obras públicas y programas sociales.
Pese a que el Ministerio de Hacienda prevé una reducción del déficit fiscal al 5,1% del PIB en 2025, los cálculos del FMI muestran una realidad más sombría: el déficit en 2024 alcanzó el 6,7%, superando ampliamente la meta oficial y dejando atrás el 4,2% registrado en 2023. El problema de fondo está claro: los ingresos tributarios no crecen al ritmo necesario, mientras que el gasto sigue en aumento.
Aunque hubo un crecimiento del 7% en la recolección de impuestos en el primer trimestre del año, la cifra está lejos del 23% que se necesita para cumplir el Plan Financiero del Gobierno. Los ingresos por renta y el IVA, claves para la estabilidad fiscal, caen 13% y 8% respectivamente. Solo los tributos asociados al comercio exterior muestran un comportamiento positivo, con un alza del 32%, pero no son suficientes para equilibrar las cuentas.
El déficit fiscal primario —es decir, sin contar intereses de deuda— ya se ubicaba en -0,9% del PIB a febrero, frente a una meta de -0,2%. Además, el rezago presupuestal, es decir, las cuentas pendientes de años anteriores, se duplicó y bordea los $60 billones, afectando la caja disponible para 2025.
Según el Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana, más del 90% del presupuesto nacional está comprometido en gastos obligatorios, como transferencias y funcionamiento, lo que deja muy poco margen para maniobrar. Y mientras tanto, los compromisos siguen creciendo.
El panorama para las finanzas del país es complejo y plantea serios retos para el actual gobierno y el que venga. La deuda sigue al alza, los ingresos no alcanzan y el espacio para invertir o impulsar nuevas políticas es cada vez más reducido.
