Ligia Castilblanco operaria de EPA y que lleva toda una vida de servicio de la entidad conocerá el mar 

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Desde hace más de 20 años, Ligia Castilblanco ha sido una figura silenciosa pero fundamental en el engranaje de Empresas Públicas de Armenia E.S.P., donde labora en el área de aseo. Su historia es la de miles de mujeres que, con disciplina y corazón, construyen día a día una ciudad mejor.

A sus 66 años, su jornada inicia antes del amanecer. Entre el aroma del café y una oración sincera, Ligia se prepara para salir a cumplir con su deber. Esa rutina, que podría parecer dura para muchos, ella la asume con serenidad y una profunda gratitud por la vida.

Madre de dos hijos, su trayecto ha estado lleno de desafíos. Crió a su familia con trabajo honrado, primero como empleada doméstica, y luego en la entidad que se convertiría en su segundo hogar laboral. “Entrar aquí fue como un milagro para mí”, recuerda con nostalgia.

Este año, una sorpresa le cambiará la vida: su hijo ha planeado un viaje para que Ligia, su madre y él puedan conocer el mar. Será la primera vez que ella vea ese horizonte azul que tantas veces imaginó. “No me cabe en el corazón tanta felicidad”, afirma emocionada.

Ligia no solo representa a una madre trabajadora, también encarna el espíritu de resiliencia y ternura. Tras su jornada diaria, regresa a casa a acompañar a su madre, preparar helados o jugar bingo. Su presencia es calma, su compañía, medicina.

Con voz pausada pero segura, ofrece un consejo a las nuevas generaciones de madres: “Críen con amor, no hay mejor herramienta que esa. A veces hay que ser fuertes, pero nunca dejar de estar ahí”.

En este mes dedicado a ellas, Empresas Públicas de Armenia rinde homenaje a Ligia y a todas las mujeres que, como ella, han hecho del servicio un acto de amor. Porque limpiar una ciudad también es sembrar dignidad.

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