La abstención masiva en Venezuela fortalece a María Corina Machado y debilita al bloque opositor que decidió competir

Internacional

Las elecciones regionales y legislativas celebradas este domingo en Venezuela dejaron tres conclusiones clave: una participación ciudadana extraordinariamente baja, el dominio electoral del oficialismo y el fuerte retroceso del sector opositor que optó por concurrir a las urnas. Mientras la cifra oficial de abstención fue del 58%, fuentes independientes apuntan a un porcentaje aún mayor. Este escenario refuerza la posición de María Corina Machado, quien desde la clandestinidad instó al país a no participar en los comicios, una estrategia que parece haber calado más hondo que la línea promovida por Henrique Capriles y Stalin González, defensores de una vía electoral.

El bloque Unidad y Cambio, conformado por sectores disidentes de Primero Justicia y el partido Un Nuevo Tiempo, solo obtuvo 285.000 votos, lo que representa el 5,18% del total nacional. Pese a contar con figuras visibles como Capriles y Manuel Rosales, este último perdió incluso en el estado Zulia, una plaza históricamente favorable a la oposición.

El balance para este sector fue muy pobre: apenas ganaron la gobernación de Cojedes, una región de bajo peso político, y lograron tres escaños parlamentarios. A nivel legislativo, fueron superados incluso por la Alianza Democrática, un bloque opositor con vínculos con el oficialismo, que alcanzó el 6,2% de los votos y se posicionó como segunda fuerza en el Parlamento. Fuerza Vecinal, otra formación opositora, apenas logró superar el 2%.

La abstención masiva, en este caso, no fue fruto del desinterés político sino una acción deliberada motivada por el llamado de Machado. “Más del 85% de los venezolanos desobedecimos a este régimen y dijimos no”, declaró la exdiputada tras conocerse los resultados. Aunque esta cifra no ha sido verificada, el propio Consejo Nacional Electoral (CNE) reconoció una participación mucho menor que en otros procesos recientes, como las presidenciales de julio pasado.

En el entorno opositor, la figura de Machado —que arrasó en las primarias de octubre de 2023 con el 91% de los votos y catapultó al desconocido Edmundo González Urrutia a la cima de las encuestas— sigue ejerciendo una influencia dominante, pese a las diferencias que la separan del resto de los partidos de la Plataforma Unitaria. Por ahora, estas fuerzas continúan respaldando su liderazgo, incluso sin compartir plenamente sus posturas.

Desde su cuenta de X, Capriles expresó su desencanto: “Ganó la abstención, y con ella el régimen y quienes la promovieron”. Señaló que el proceso estuvo marcado por la “desconfianza, la rabia y el miedo”, y consideró que el oficialismo se benefició de esa estrategia.

La evolución del panorama opositor ha sido drástica. En 2011, Capriles lideraba ampliamente el campo antichavista, con un 64% en las primarias abiertas. En 2012 y 2013, logró reunir millones de votos frente a Chávez y Maduro. Hoy, su influencia parece desvanecida frente al empuje popular de Machado.

Esta fractura en la oposición —entre quienes insisten en participar y quienes optan por la resistencia y la denuncia del sistema electoral— parece irreconciliable. Y por ahora, la corriente que encabeza Machado goza de un respaldo popular significativamente mayor.

Mientras tanto, el oficialismo celebró con euforia. La alianza chavista Gran Polo Patriótico logró el 82% de los votos, ganó 23 de las 24 gobernaciones y se asegura el control casi absoluto del nuevo Parlamento. Nicolás Maduro atribuyó la tranquilidad del día electoral a la detención de 70 opositores el día anterior, acusados de conspirar contra el Gobierno.

Pese al evidente descontento reflejado en la abstención, el chavismo parece no sentirse amenazado. El presidente del CNE, Elvis Amoroso, calificó el proceso como exitoso, mientras Maduro proclamó: “Esta ha sido una gran victoria. El chavismo está más fuerte que nunca”. Por su parte, Jorge Rodríguez, jefe de campaña oficialista, desestimó los llamados a la abstención como “una estupidez” y aseguró que los resultados fueron justo lo contrario de lo que sus promotores esperaban.

Una vez más, la alta abstención incomoda, pero no desestabiliza al régimen chavista, que sigue aferrado al poder sin enfrentar consecuencias internas significativas por la baja participación ni por las denuncias de irregularidades en los procesos electorales recientes.

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