La crisis humanitaria en Gaza volvió a cobrar vidas esta semana. Cuatro palestinos murieron durante una caótica irrupción en un almacén de alimentos en Deir Al-Balah, en el centro del enclave. Miles de personas desesperadas por conseguir algo de comer entraron a la fuerza al centro de distribución gestionado por el Programa Mundial de Alimentos, llevándose harina y provisiones en medio de gritos, empujones y disparos al aire. Las imágenes reflejan el colapso del sistema de asistencia y el grado extremo de necesidad entre la población.
Este episodio violento se suma a una cadena de eventos que exponen la fragilidad del nuevo esquema de entrega de ayuda en Gaza, liderado por la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF), una organización respaldada por Israel y Estados Unidos. Un día antes del asalto en Deir Al-Balah, otra multitud que aguardaba asistencia fue atacada a tiros en un punto de distribución de la GHF, dejando un muerto y decenas de heridos. Mientras el ejército israelí asegura que solo se realizaron disparos de advertencia, funcionarios de la ONU sostienen que las heridas provienen de fuego directo.
Las agencias de ayuda internacionales han denunciado que el sistema impulsado por GHF excluye a las estructuras humanitarias tradicionales, opera solo en el sur de Gaza y pone en riesgo la vida de quienes intentan acceder a los alimentos. Naciones Unidas insiste en que no hay pruebas de que Hamás esté robando ayuda canalizada por vías oficiales y acusa, en cambio, a grupos delictivos que actúan con aparente tolerancia del ejército israelí cerca del cruce de Kerem Shalom. Para la ONU, esta nueva estrategia representa una “escasez diseñada”.
En paralelo, Israel ha comenzado a permitir la entrada limitada de alimentos al enclave, tras casi tres meses de bloqueo total. Sin embargo, organismos internacionales consideran que este alivio es insuficiente frente a la escala de la emergencia. Con 2,1 millones de personas en riesgo de hambruna y más de 54.000 muertos desde el inicio del conflicto en octubre de 2023, la situación en Gaza se deteriora rápidamente. La comunidad humanitaria insiste en que solo una distribución masiva, segura y equitativa puede evitar más tragedias como la del almacén de Deir Al-Balah.
