El estreno de Carlo Ancelotti como entrenador de la selección brasileña no fue en la altura de Quito, como se esperaba, sino a nivel del mar, en el estadio Monumental de Guayaquil, donde su equipo consiguió un empate 0-0 ante Ecuador, que defendió con éxito su territorio.
El italiano captó todas las miradas al llegar al banco con su clásico traje y corbata, mostrándose calmado pese al calor de 28 grados que se sentía en la ciudad costera. En un gesto poco habitual en él, esta vez no se le vio mascando chicle durante los himnos, un detalle que llamó la atención considerando que esta era su primera experiencia al frente de una selección nacional.
Antes del partido, Ancelotti compartió un breve saludo con Sebastián Beccacece, entrenador de Ecuador, en un momento de cordialidad que contrastaba con la intensidad del juego que vendría. Los locales dominaron gran parte del encuentro: tuvieron más posesión de balón (53% frente al 47% de Brasil), fueron más precisos en los pases y generaron siete oportunidades claras de gol frente al arco defendido por Alisson Becker.
Por su parte, la selección brasileña, aunque intentó imponer su ofensiva, especialmente con Vinícius Júnior, no logró ser contundente. Sin embargo, el equipo mostró una mejora en su orden defensivo, gracias a la experiencia de jugadores como Casemiro y Marquinhos, aportando un equilibrio que había sido deficitario en etapas anteriores.
A pesar de la ausencia de Raphinha, uno de los futbolistas más destacados del equipo, Brasil mostró aspectos positivos para pulir en el futuro, especialmente en ataque, de cara a los próximos compromisos de las eliminatorias.
