La mañana del 10 de junio de 2025 fue escenario de una violenta ofensiva armada en varias zonas del suroccidente colombiano. Atentados con carros bomba, ráfagas de fusil y explosivos improvisados afectaron a municipios del Cauca, Buenaventura y Cali, dejando al menos cuatro personas muertas y decenas de heridos. Las autoridades atribuyen esta serie de acciones a las disidencias de las FARC, específicamente al grupo liderado por alias “Iván Mordisco”.
El primer ataque se registró en El Bordo, Cauca, donde un vehículo cargado con explosivos fue detonado cerca de la Secretaría de Tránsito. Aunque no hubo víctimas, los daños materiales fueron extensos. Pocos minutos después, un hecho similar ocurrió en Corinto, también en el norte del departamento, donde otro carro bomba explotó cerca del parque principal. En ambos casos, la población quedó en estado de alerta ante el nivel de coordinación y la magnitud de los estallidos.
Mientras tanto, en Cali y Buenaventura se presentaron más agresiones. En la capital del Valle, al menos tres estaciones de Policía fueron atacadas de manera simultánea, una de ellas con una motocicleta bomba, provocando la muerte de dos personas. En Buenaventura, los explosivos fueron lanzados contra un CAI, causando daños estructurales. Otros episodios se reportaron en Caloto, Palmira y en vías cercanas a un aeropuerto, donde se hallaron cilindros bomba que debieron ser desactivados.
El saldo preliminar, según autoridades, incluye a dos uniformados, un civil y un vigilante fallecidos, así como varios heridos de gravedad. Entre los lesionados se encuentran una adolescente de 15 años, una oficial de policía con traumas por la explosión y personas con pérdida temporal de la audición. La jornada dejó cerca de una docena de ataques confirmados, elevando las alertas por una posible escalada armada en esta zona del país.
Todo apunta a que estos actos violentos fueron ejecutados en conmemoración de la muerte del excomandante guerrillero alias “Jacobo Arenas”, según explicaron altos mandos de seguridad. La ofensiva revive temores del pasado en un territorio históricamente golpeado por el conflicto armado, y evidencia la capacidad operativa que aún conservan algunas estructuras disidentes, a pesar de los esfuerzos estatales por contenerlas.
