Una banda de rock psicodélico, con estética vintage y sonido setentero, ha generado revuelo en plataformas digitales al superar el medio millón de reproducciones en Spotify. Se trata de The Velvet Sundown, un grupo conformado —al menos en teoría— por Gabe Farrow (voz), Lennie West (guitarra), Milo Rains (teclados) y Rio del Mar (batería). Pero hay un detalle que ha puesto en duda su existencia: cada vez más voces aseguran que The Velvet Sundown no es real, sino una creación generada completamente por inteligencia artificial.
Dos elementos alimentan esta teoría. El primero, las imágenes promocionales del grupo publicadas en su cuenta de Instagram, que presentan señales evidentes de haber sido creadas por software de generación de imágenes. El segundo, el sorprendente ritmo de publicación: sus dos álbumes, Floating on Echoes y Dust and Silence, fueron lanzados con menos de un mes de diferencia, lo cual sería inusual para una banda convencional, pero plausible si se recurre a herramientas automatizadas.
Varios medios especializados, como Futuro (Chile), han señalado que las composiciones podrían haber sido producidas usando Suno, una aplicación de IA musical que permite crear hasta 500 canciones al mes por una suscripción de ocho dólares. Pese a esto, no hay confirmación oficial de que todo el proyecto sea obra de algoritmos.
Ahora bien, que una agrupación elija no revelar sus identidades o emplear personajes ficticios no es algo nuevo en la historia de la música. Ahí está el caso de Gorillaz, la banda animada ideada por Damon Albarn y Jamie Hewlett, o los enmascarados Daft Punk y Bob Vylan, estos últimos con rostros públicos pero nombres desconocidos. En ese contexto, el misterio en torno a The Velvet Sundown podría ser solo una estrategia de marketing cuidadosamente diseñada.
Lo que realmente llama la atención es el uso de IA para replicar con sorprendente fidelidad el estilo de bandas clásicas del siglo pasado. Críticos como Rick Beato han analizado sus canciones y, aunque reconocen calidad técnica, señalan patrones típicos de la inteligencia artificial: estructuras melódicas repetitivas, arreglos “perfectos” y letras que oscilan entre lo genérico y lo hipnótico.
Este fenómeno recuerda el caso del supuesto autor Jianwei Xun, quien logró colarse en listas de libros más vendidos con Hipnocracia, hasta que se reveló que no era una persona real, sino una creación conjunta del filósofo italiano Andrea Colamedici y sistemas de generación de texto.
En el fondo, la controversia que rodea a The Velvet Sundown plantea una pregunta más profunda: ¿escuchamos música por lo que suena o por quién la crea? Y en tiempos donde lo artificial empieza a mezclarse con lo auténtico sin que logremos distinguirlos fácilmente, ¿importa realmente la diferencia?
Así, esta banda fantasma no solo pone a prueba nuestros oídos, sino también nuestras ideas sobre creatividad, autenticidad y lo que significa “ser humano” en la era digital.
