En el corazón de la cordillera, en la vereda Cumaral Alto del municipio de Génova, Quindío, la comunidad indígena Yanacona continúa en su lucha por el reconocimiento y la garantía de sus derechos. A lo largo de los últimos dos años, más de 390 familias del resguardo Ranakuna Kutin Urkuman Quin han enfrentado obstáculos que les impiden acceder a recursos clave para su permanencia y desarrollo, producto de un conflicto interétnico no resuelto.
En respuesta a esta situación, la Defensoría del Pueblo mantiene una presencia activa en el territorio, buscando mecanismos que permitan avanzar hacia soluciones duraderas. El pasado 10 de julio, delegados de la entidad participaron en una asamblea que reunió a autoridades locales, líderes indígenas y representantes de entidades gubernamentales, con el fin de abrir espacios de diálogo y visibilizar las necesidades del pueblo Yanacona.
Durante la jornada se abordaron temas urgentes como la falta de representación legal del resguardo, condición que ha impedido la asignación de recursos del Estado. Sin embargo, uno de los avances destacados fue el acompañamiento para formalizar la autoridad tradicional de la comunidad, un requisito indispensable para su reconocimiento ante el Ministerio del Interior.
La actividad incluyó también una mesa de trabajo con funcionarios de la Gobernación del Quindío y la Alcaldía de Génova, en la que se socializaron las responsabilidades institucionales frente a la población indígena y se reafirmó la voluntad de construir rutas de atención diferenciadas.
El pueblo Yanacona, con raíces en el Macizo Colombiano, ha emprendido desde hace décadas un proceso de expansión hacia otros departamentos como el Quindío, donde ha consolidado cabildos y procesos culturales. En esta región, la mayoría de sus integrantes se encuentran en condición de desplazamiento, tras abandonar sus territorios ancestrales por causa del conflicto armado.
A pesar de las dificultades, esta comunidad continúa resistiendo, organizándose y reafirmando su identidad. La Defensoría del Pueblo ha reiterado que su labor va más allá del acompañamiento puntual: busca garantizar que las voces indígenas sean escuchadas, sus derechos protegidos y su dignidad colectiva reconocida.
Desde Génova, la lucha del pueblo Yanacona se mantiene firme, mientras esperan que el Estado cumpla con su deber de asegurar una vida digna para quienes históricamente han sido marginados.
