El gobierno de Estados Unidos confirmó que retirará la visa del presidente Gustavo Petro, una medida que marca un nuevo punto de fricción en las relaciones entre Washington y Bogotá. La decisión llega después de la visita del mandatario colombiano a Nueva York, donde sus intervenciones no solo generaron debate internacional, sino que también despertaron malestar en la administración norteamericana.
Durante su discurso en la Asamblea General de la ONU, el 26 de septiembre, Petro propuso la creación de un “Ejército de Salvación del Mundo” como mecanismo para intervenir en Palestina, idea que posteriormente reforzó al participar en una manifestación en esa misma ciudad. Allí, aseguró que buscaría respaldo en el mecanismo United for Peace de Naciones Unidas para lograr la movilización de países frente a lo que calificó como crisis irresolubles por la vía diplomática tradicional.
El Departamento de Estado estadounidense interpretó estas declaraciones y acciones como un llamado a la desobediencia y a la movilización dentro de su territorio, lo que derivó en la revocatoria del documento migratorio. La medida ha generado un efecto inmediato en el ámbito diplomático, con voces a favor y en contra en distintos sectores de la comunidad internacional.
Expertos en relaciones exteriores advierten que este episodio podría tensar aún más la relación bilateral, justo en un momento en que los gobiernos discutían acuerdos sobre cooperación en temas de seguridad, comercio y lucha contra el narcotráfico. Mientras tanto, analistas señalan que la decisión de Washington envía un mensaje claro sobre los límites que establece para la participación de mandatarios extranjeros en asuntos internos.
El hecho mantiene a Colombia en el centro de la atención global, tanto por la audaz propuesta del jefe de Estado como por la inédita respuesta del país anfitrión. Ahora, el futuro de la agenda internacional de Petro quedará condicionado por este revés diplomático.
