Lo que inició como una campaña de desarme voluntario terminó convirtiéndose en una verdadera fiesta por la convivencia en Calarcá. Con el liderazgo de la Secretaría de Gobierno y el respaldo de la Policía y el Ejército, habitantes de los barrios Llanitos Piloto, La Unión y Manantial entregaron de manera anónima 63 armas blancas entre cuchillos, machetes y navajas, con el propósito de reducir riesgos y contribuir a la seguridad en sus comunidades.
Más allá de la cifra, la jornada se distinguió por su enfoque pedagógico y cultural. Mientras algunos vecinos dejaban atrás objetos que podían ser usados en riñas, otros participaron en talleres de manejo de emociones, actividades deportivas y espacios de escucha activa. Artistas locales como Caverna y el grupo La Tribu convirtieron el encuentro en un escenario de arte y reflexión, incluso con la creación de un mural colectivo que simboliza el paso de la violencia a la expresión cultural.
Cada entrega voluntaria fue reconocida con la participación en rifas de kits alimentarios, un gesto que reforzó el sentido de corresponsabilidad ciudadana. “El mensaje es claro: la seguridad no depende solo de la fuerza pública, sino de la decisión de cada ciudadano de apostar por la convivencia”, señaló la Secretaría de Gobierno.
La estrategia, según la administración municipal, busca consolidarse como un modelo de prevención que combine la seguridad con el bienestar integral, demostrando que es posible reemplazar la violencia por cultura, salud y comunidad.
