Universidad del Quindío impulsa la educación ambiental a través de los insectos en el Jardín Botánico

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Calarcá se convirtió en una ventana abierta al microcosmos este fin de semana, gracias al Festival de Insectos que reunió a expertos, familias y estudiantes en torno a la fascinante vida de estos seres diminutos, pero esenciales para la existencia humana. La Universidad del Quindío tuvo un papel destacado al liderar varios de los espacios educativos que despertaron la curiosidad de los asistentes.

La reconocida Colección de Insectos del Programa de Biología llegó al Jardín Botánico con una muestra itinerante que permitió observar de cerca la extraordinaria diversidad de especies que habitan en Colombia. A través de montajes temáticos y actividades interactivas, el público descubrió cómo se alimentan, en qué trabajan dentro de los ecosistemas y por qué algunos, injustamente, han sido etiquetados como “peligrosos” o “desagradables”.

Uno de los lugares más visitados fue el dedicado a los polinizadores. Allí, docentes e investigadores explicaron los proyectos que la universidad adelanta con abejas y otros insectos clave para la seguridad alimentaria. La conversación giró en torno a la urgente necesidad de protegerlos, frente a las transformaciones ambientales que amenazan sus poblaciones.

En el escenario académico, la docente e investigadora Rocío García Delly cautivó a niños y adultos con la charla “Zumbidos de Vida”, una invitación a reconocer que la mayoría de los seres que habitan la Tierra son insectos, y que sin ellos la vida como la conocemos sería insostenible. Durante su intervención recordó que la intervención humana ha obligado a algunas especies a convertirse en plagas: “Cuando les quitamos su hogar, buscan otro; y ese hogar termina siendo el nuestro”.

El mensaje de la Universidad del Quindío fue claro: la ciencia puede y debe ser una herramienta para sensibilizar. Por eso, también insistió en la importancia de conservar las colecciones biológicas, consideradas bibliotecas vivas que guardan información indispensable en tiempos en los que muchas especies están desapareciendo antes de ser descubiertas.

Además de las muestras científicas, el festival ofreció experiencias diversas que rompieron paradigmas: desde un insectarium que permitió ver la vida en movimiento, hasta una propuesta gastronómica… con sabor a insectos, que abrió conversación sobre alternativas sostenibles de alimentación.

La jornada cerró con un balance positivo: niños maravillados, adultos sorprendidos y un compromiso renovado con el cuidado del ambiente. La Universidad del Quindío reafirmó así su rol en la divulgación del conocimiento y en la construcción de una ciudadanía más consciente del valor de la naturaleza que nos rodea.

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