El murmullo del río La Congala acompaña a los primeros voluntarios que, con palas y guantes, se preparan para sembrar vida. A su alrededor, los niños de la Institución Educativa San Bernardo observan atentos cómo una pequeña ceiba se abre paso en la tierra húmeda. No es solo una siembra: es el símbolo de una Calarcá que aprende a cuidar su entorno desde las raíces.
Así comenzó la Semana de la Educación Ambiental 2025, una iniciativa que ha convertido al municipio en un aula verde a cielo abierto. Durante cuatro días —del 4 al 7 de noviembre— parques, escuelas y plazas se transforman en escenarios de aprendizaje, reforestación y reflexión sobre el futuro del planeta.
“Cada árbol que sembramos es una esperanza que crece”, dice Ana María Romero, líder del Comité Municipal de Educación Ambiental, mientras coordina las actividades en el corregimiento de Barcelona. Con el apoyo de la Alcaldía de Calarcá y la Secretaría de Desarrollo Económico, Ambiental y Comunitario, Romero lidera un equipo que recorre el municipio llevando mensajes de sostenibilidad, reciclaje y respeto por la naturaleza.
Las jornadas combinan la pedagogía con la acción. En la plaza principal de Barcelona, los stands del mercado verde exhiben productos locales hechos con materiales reciclados, mientras los niños participan en talleres sobre el manejo del caracol africano, una amenaza silenciosa para los cultivos y jardines. A pocos metros, los voluntarios del Hospital La Misericordia ofrecen servicios de salud y prevención, recordando que el bienestar humano también depende del equilibrio ambiental.
El viernes 7, la Plaza de Bolívar se convertirá en el gran punto de encuentro. Allí confluirán las instituciones educativas con sus proyectos PRAE, los emprendedores ambientales, los defensores de los animales y los ciudadanos que han encontrado en el reciclaje una forma de aportar al cambio. Será el cierre simbólico de una semana que busca sembrar conciencia y cosechar compromiso.
“Lo que más nos alegra es ver a la gente participar, traer sus residuos reciclables, preguntar cómo pueden cuidar el agua o los bosques. Esa es la verdadera educación ambiental”, comenta Romero con una sonrisa.
La Semana de la Educación Ambiental cuenta con el respaldo de EMCA, la Universidad del Quindío, el Jardín Botánico, la CRQ y TESLA RAEE, entidades que han tejido una red de cooperación para fortalecer la cultura ecológica del municipio.
Entre árboles recién plantados y bolsas llenas de materiales reciclables, Calarcá demuestra que el cambio climático también se enfrenta desde lo local, desde una comunidad que ha decidido dejar de mirar el problema y comenzar a actuar.
Porque, como dicen los voluntarios, mientras haya manos dispuestas a sembrar, habrá esperanza para el planeta.
