En medio de los desafíos que enfrenta el sector rural colombiano, el SENA viene impulsando una estrategia que busca cambiar la forma de producir alimentos en el antiguo eje del Viejo Caldas. A través de un proyecto de investigación participativa, la entidad articula conocimiento científico, prácticas tradicionales y trabajo comunitario para promover modelos agrícolas más sostenibles en Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío.
La iniciativa, diseñada desde 2024 y puesta en marcha durante 2025, involucra a comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas que cultivan hortalizas y productos de pancoger. Más de 800 productores hacen parte de este proceso, que no solo entrega formación técnica, sino que también valida tecnologías aplicadas al uso de microalgas en la elaboración de abonos orgánicos.
En el departamento del Quindío, el proyecto tomó forma con la instalación de varias composteras comunitarias, donde se producen fertilizantes naturales enriquecidos con microalgas, resultado de investigaciones desarrolladas durante más de una década por la Universidad EAFIT. Este trabajo conjunto permitió adaptar los desarrollos científicos a las realidades del campo, fortaleciendo la autonomía productiva de los agricultores.
Según el SENA, la propuesta surgió como respuesta directa al aumento desmedido en los precios de los fertilizantes químicos, una situación que golpeó con fuerza a los pequeños productores rurales. Frente a este panorama, el rescate y la optimización de prácticas ancestrales de aprovechamiento de residuos orgánicos se convirtieron en una alternativa viable y económicamente sostenible.
El proyecto también ha abierto espacios para la participación de jóvenes rurales, como Camilo Ipia Acosta, campesino de Salento y aprendiz del SENA, quien hoy acompaña a otras comunidades en la implementación de estas técnicas. Su experiencia refleja el impacto social de la iniciativa: un diálogo de saberes entre el conocimiento académico y la experiencia campesina, que no solo mejora la producción agrícola, sino que dignifica el trabajo en el campo.
Con este tipo de apuestas, el SENA consolida su papel como articulador entre ciencia, comunidad y territorio, promoviendo una agricultura más resiliente y alineada con las necesidades reales de quienes producen los alimentos en Colombia.
