Lejos de ser solo un afluente que atraviesa la sabana, el río Bogotá se ha convertido en un escenario de aprendizaje y acción ambiental para decenas de jóvenes que buscan comprender, desde el territorio, las causas de su deterioro y las posibilidades reales de recuperación. A través de un proyecto educativo liderado por el Colegio Hacienda Los Alcaparros, el río pasó de ser un problema ambiental a un laboratorio vivo que conecta ciencia, comunidad y conciencia social.
La iniciativa surge en un contexto crítico: el río enfrenta una fuerte presión por vertimientos domésticos e industriales, residuos sólidos y sustancias tóxicas que afectan su biodiversidad y ponen en riesgo a las poblaciones que dependen de él. Frente a este panorama, la educación ambiental aparece como una herramienta clave para formar ciudadanos capaces de incidir en la protección de los recursos hídricos.
Desde esta perspectiva, el colegio puso en marcha el proyecto “Un viaje a través de la cuenca del río Bogotá”, que involucra a los estudiantes en actividades de monitoreo directo. Ellos realizan mediciones de calidad del agua y del aire, analizan focos de contaminación y observan cómo cambian las condiciones del río a lo largo de sus 380 kilómetros, desde su nacimiento hasta la cuenca baja.
Para Hugo Cely, director del proyecto, la experiencia práctica marca la diferencia en la formación ambiental. “Cuando los estudiantes salen al territorio, investigan y se enfrentan a la realidad del río, el aprendizaje deja de ser teórico y se transforma en conciencia. Entienden que sus decisiones también impactan el entorno”, explicó.
El trabajo no se limita a lo científico. Durante los recorridos, los jóvenes dialogan con comunidades y sectores productivos, identifican dinámicas económicas y sociales, y analizan cómo estas influyen en la contaminación o recuperación del río. Este enfoque integral ha permitido construir una base de datos que combina información ambiental, social e histórica, única en su tipo dentro de una institución educativa.
En enero, el proyecto dará un nuevo paso con la visita a una planta de tratamiento de aguas residuales, donde los estudiantes conocerán los procesos químicos y biológicos que permiten depurar el agua. Esta experiencia les permitirá contrastar la información obtenida en campo con las soluciones técnicas que se aplican para mitigar el impacto humano sobre el río.
Desde su creación en 2015, 158 estudiantes han participado en el proyecto, presentando sus resultados en ferias científicas, simposios y espacios regionales, con el objetivo de sensibilizar a la ciudadanía. Para ellos, la experiencia ha cambiado su manera de entender la ciudad y el territorio. “Relacionar la calidad del agua con la vida diaria nos abrió los ojos. Ahora entendemos que el bienestar también depende del estado del ambiente”, señalaron algunos de los participantes.
La experiencia del Colegio Hacienda Los Alcaparros evidencia que la recuperación del río Bogotá no depende únicamente de políticas públicas o grandes obras de infraestructura. También comienza en las aulas, cuando la educación se conecta con el territorio y forma jóvenes capaces de asumir el cuidado del agua como una responsabilidad colectiva.
