Tensión al límite: Israel e Irán extienden sus ataques a instalaciones clave de energía

Internacional

El conflicto entre Israel e Irán continúa intensificándose y ahora ha alcanzado un nuevo nivel: ambas potencias están dirigiendo sus ofensivas hacia infraestructuras energéticas estratégicas, vitales para sus economías y seguridad nacional.

Según reportes internacionales, este sábado 14 de junio, drones israelíes habrían impactado una refinería dentro del enorme yacimiento de gas natural conocido como South Pars, en el Golfo Pérsico. Este campo gasífero, compartido entre Irán y Catar, es considerado uno de los mayores depósitos de gas natural del planeta, extendiéndose sobre casi 10.000 kilómetros cuadrados. Del total, unos 3.700 kilómetros cuadrados corresponden a aguas iraníes —denominadas South Pars— y el resto, North Dome, pertenece a Catar.

Los cálculos sobre la magnitud de este reservorio son impresionantes: se estima que podría contener entre 14 y 50 billones de metros cúbicos de gas natural, junto con reservas de petróleo que rondarían los 360 mil millones de barriles. Para Teherán, esta instalación es esencial, ya que a diario extrae unos 12 millones de metros cúbicos de gas, ahora afectados por el reciente ataque.

En represalia, Irán habría lanzado ataques con misiles y drones contra refinerías y plantas de almacenamiento de combustible en la ciudad israelí de Haifa, un centro industrial clave para la distribución de energía en el país mediterráneo.

Este giro hacia la infraestructura energética marca un cambio en el patrón de enfrentamientos, que hasta hace poco se centraban principalmente en bases militares y sitios civiles. La escalada ha cobrado un alto costo humano: del lado iraní, se reportan al menos 78 víctimas mortales y más de 300 heridos en bombardeos que han alcanzado incluso instalaciones nucleares y centros de investigación científica. Por su parte, Israel contabiliza hasta ahora tres muertos y cerca de 40 personas heridas como resultado de los ataques de Teherán.

Analistas advierten que esta ofensiva mutua contra activos energéticos podría agravar la crisis regional y desestabilizar aún más los mercados internacionales de petróleo y gas.

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