El presidente Gustavo Petro se encuentra en el centro de una controversia tras versiones que lo señalan de haber estado en la ciudad de Manta, Ecuador, durante su viaje para asistir a la posesión del presidente Daniel Noboa, sin haber notificado previamente al Congreso de la República sobre dicha escala. A esto se suma la sospecha de una presunta reunión con el narcotraficante José Adolfo Macías Villamar, alias Fito, líder de la organización criminal Los Choneros.
A través de un comunicado emitido este martes, la Presidencia de Colombia negó categóricamente cualquier encuentro entre el jefe de Estado y Fito, o con emisarios suyos, asegurando que la visita oficial se limitó exclusivamente a la ceremonia de posesión de Noboa. “Es absolutamente falso que el presidente se haya reunido con ese individuo”, subraya el documento.
Sin embargo, declaraciones del ministro del Interior ecuatoriano, John Reimberg, sembraron dudas. En entrevista con medios locales, afirmó que el mandatario colombiano “estuvo en Manta durante toda su estadía, dentro de una casa”, aunque reconoció que no podía confirmar si hubo o no una reunión con el narcotraficante: “Decir con quién se reunió, no lo puedo decir”, añadió.
La polémica se agudiza porque en la carta oficial enviada por Petro al Congreso el 23 de mayo, se notificó únicamente su presencia en Quito entre el 24 y el 26 del mismo mes. No se menciona ningún desplazamiento a Manta. Esta omisión ha despertado cuestionamientos sobre la transparencia en los movimientos del jefe de Estado y el posible incumplimiento del protocolo legal que exige notificar al Legislativo sobre sus salidas del país y sus destinos.
En paralelo, el columnista Mauricio Vargas publicó en El Tiempo que un periodista ecuatoriano le habría confirmado que el objetivo del viaje a Manta habría sido contactar a Fito, para que este intercediera ante las disidencias de las FARC comandadas por Iván Mordisco, con el fin de reactivarlas en el proceso de paz total que lidera el Gobierno colombiano. Según Vargas, Petro habría buscado aprovechar los vínculos de Los Choneros con grupos armados colombianos para lograr su regreso a la mesa de negociación.
Adicionalmente, el Ministerio de Relaciones Exteriores confirmó que la sede consular en Quito recibió una carta firmada por Fito, en la que este manifiesta su disposición a entregarse a la justicia, aunque no a la ecuatoriana. En el texto, expresa temor por su seguridad y la de su familia, y solicita a la embajadora de Colombia que actúe como garante en una posible entrega voluntaria, advirtiendo que ser enviado a una cárcel en El Salvador violaría sus derechos.
Este episodio, que entrelaza diplomacia, justicia internacional y el proceso de paz colombiano, sigue generando interrogantes sobre los alcances reales del viaje presidencial y sobre la presunta relación de actores criminales con iniciativas del Gobierno. Por ahora, la Fiscalía de Ecuador no se ha pronunciado oficialmente, y el Congreso colombiano podría citar a miembros del Ejecutivo para esclarecer los detalles de esta visita.
