La Universidad del Quindío abre el debate sobre emociones artificiales y robótica social

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La frontera entre la tecnología y las emociones humanas fue el eje de un encuentro académico que convocó a estudiantes y docentes de ingeniería en la Universidad del Quindío, donde la Inteligencia Artificial dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en una herramienta con impacto social real.

La conferencia, organizada por el Centro de Estudios e Investigaciones CEIFI, planteó una pregunta provocadora: si los robots pueden experimentar emociones o si estas son únicamente respuestas diseñadas por humanos. El análisis estuvo a cargo de Sandra Patricia Cano Mazuera, ingeniera electrónica y docente de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, reconocida por su trabajo en interacción humano-robot.

Durante el conversatorio, realizado en el Auditorio Fabio Arias Vélez, la experta explicó que los llamados robots sociales no “sienten” emociones en el sentido humano, pero sí pueden reconocerlas y expresarlas mediante algoritmos avanzados de Inteligencia Artificial. Estos sistemas permiten que los robots respondan a gestos, tonos de voz y otros estímulos emocionales, generando interacciones más cercanas y comprensibles para las personas.

Uno de los puntos que despertó mayor interés fue el uso de esta tecnología en procesos terapéuticos con niños y niñas con discapacidades físicas, psicosociales y dentro del espectro autista. Cano Mazuera destacó que los robots pueden funcionar como mediadores en la relación terapéutica, facilitando la comunicación y motivando el aprendizaje social al ser percibidos como un elemento lúdico y no intimidante.

El encuentro también dejó sobre la mesa los retos que enfrenta la robótica social, como lograr respuestas emocionales coherentes, interpretar múltiples señales humanas al mismo tiempo y reaccionar de manera inmediata y adecuada a cada contexto. Para la comunidad académica, estos desafíos representan una oportunidad de investigación y desarrollo, donde la tecnología no reemplaza al ser humano, sino que lo complementa.

Con este tipo de espacios, la Universidad del Quindío reafirma su apuesta por una formación crítica e innovadora, conectada con debates globales sobre el papel de la Inteligencia Artificial y su potencial para transformar las relaciones sociales y educativas.

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