El reciente apagón que afectó a gran parte de España y Portugal el pasado 28 de abril encendió las alarmas en otros países, incluido Colombia. En solo cinco segundos, se perdieron 15 gigavatios de energía —el 60 % de la demanda en ese momento— dejando pérdidas millonarias y un país entero en vilo. Aunque las causas aún se investigan, expertos coinciden en que la alta dependencia de energías renovables habría contribuido al colapso.
El operador Red Eléctrica de España ya descartó que se tratara de un ciberataque. Sin embargo, las miradas apuntan a la fragilidad del sistema por su alta participación de energías renovables intermitentes, como la solar y la eólica. Según Alejandro Castañeda, presidente de Andeg (Asociación Nacional de Empresas Generadoras), en el momento del apagón un 78 % de la energía generada provenía de estas fuentes, lo que afectó la estabilidad de la red.
Además, se evidenció una baja capacidad de respaldo con fuentes convencionales, apenas 1,5 gigavatios a gas, lo que dejó al sistema sin reacción suficiente para mitigar la caída.
¿Puede pasar algo así en Colombia? Los expertos creen que no. Actualmente, el país tiene solo un 10 % de capacidad instalada en fuentes renovables. La matriz energética nacional sigue dependiendo mayoritariamente de fuentes convencionales —como hidroeléctricas, térmicas y plantas a gas— que aportan mayor estabilidad al sistema eléctrico.
Esto no quiere decir que Colombia esté exenta de riesgos, pero sí cuenta con un sistema más equilibrado. Aún así, el apagón ibérico deja una lección clave: el crecimiento de las energías limpias debe ir acompañado de inversiones sólidas en infraestructura de respaldo y regulación técnica.
