El caso del secuestro de Lyan José Hortúa Bonilla, un menor de 11 años retenido desde el pasado 3 de mayo en Jamundí, sigue generando profunda indignación y angustia en todo el país. La comunidad ha unido su voz con la de la Iglesia católica, exigiendo el regreso inmediato del niño a su familia.
Desde Ibagué, el arzobispo de Cali, Luis Fernando Rodríguez, expresó su rechazo ante este acto que, según afirmó, atenta contra los principios más fundamentales de humanidad, especialmente cuando se trata de un niño. A través de la Arquidiócesis y con apoyo de organismos como la Comisión de Verificación de la ONU, se han intentado establecer canales de diálogo con los responsables del secuestro, aunque hasta ahora no ha habido respuesta.
El ambiente de incertidumbre se ha trasladado a toda la región del Valle del Cauca, donde se han organizado actos simbólicos y movilizaciones sociales en solidaridad con la familia del menor. El dolor por la ausencia de Lyan también ha repercutido en la salud emocional de sus familiares, quienes han manifestado que la angustia los está afectando profundamente.
La Iglesia ha advertido sobre las secuelas emocionales que podría sufrir el menor, quien permanece desaparecido desde hace más de dos semanas. El llamado es claro: se debe preservar la vida, la seguridad y los derechos de los niños por encima de cualquier interés.
El arzobispo instó a quienes mantienen retenido al niño a cesar este acto inmediatamente, recordando que ningún fin justifica la violencia contra los más vulnerables.
