Tras 18 días de incertidumbre, la familia de Lyan José Hortúa, un niño de 11 años secuestrado en zona rural de Jamundí, logró su liberación en medio de un proceso silencioso, complejo y marcado por la falta de resultados oficiales. Según se conoció, el retorno del menor fue posible gracias a una negociación directa con sus captores, miembros de una estructura criminal vinculada a las disidencias de las FARC.
La noche del secuestro, cinco hombres armados ingresaron violentamente a la vivienda familiar en el corregimiento Potreritos, y en apenas minutos se llevaron al menor mientras intimidaban a sus padres. Desde entonces, la familia enfrentó una pesadilla marcada por el miedo, el silencio impuesto por los delincuentes y una presión creciente por actuar.
Sin avances significativos por parte de las autoridades, los familiares decidieron asumir por su cuenta la negociación, proceso que incluyó el pago de una elevada suma de dinero a los secuestradores. Una pariente cercana del niño tomó el rol principal en las conversaciones con el grupo armado, hasta concretar su liberación en una zona rural del Cauca, donde fue recibido por ella misma.
Durante el cautiverio, el menor permaneció varios días bajo condiciones de encierro extremo y restricciones físicas. Aunque fue entregado con signos de estabilidad física, su estado emocional obligó a una atención especializada en la Clínica Valle del Lili en Cali, donde recibió acompañamiento médico y psicológico tras su reencuentro con la familia.
A pesar de que organismos humanitarios como la Cruz Roja y la ONU ofrecieron respaldo durante el proceso, la familia expresó su frustración por la falta de respuesta institucional. Señalaron que el Gobierno Nacional, incluyendo al presidente de la República, se mantuvo en silencio durante los días más críticos.
En un comunicado, los familiares agradecieron el respaldo ciudadano y reiteraron que su decisión de no hacer pública la situación durante el secuestro respondió a advertencias directas de los captores. También aclararon que su empresa familiar ha sido fruto de años de trabajo honesto como comerciantes, y pidieron respeto por su privacidad.
