En Rionegro, la historia se convierte en parqueadero: el patrimonio arquitectónico se deteriora sin control

Nacional

Rionegro, reconocido por su papel clave en la historia de Colombia y declarado bien de interés cultural desde 1963, enfrenta una crisis silenciosa: sus viviendas patrimoniales se deterioran a pasos agigantados mientras sus propietarios optan por dejarlas caer para habilitar estacionamientos improvisados en lugar de conservarlas.

Un ejemplo palpable es la antigua residencia de Pascual Bravo, líder liberal y expresidente del Estado Soberano de Antioquia. Hoy solo queda su fachada agrietada, mientras tras sus muros sobreviven unas cuantas tablas y, en el patio, un parqueadero improvisado cubierto con techos de zinc.

Esta realidad no es un caso aislado. El centro histórico de Rionegro, compuesto por casi 1.800 edificaciones repartidas en 48 hectáreas, se desmorona sin que exista un plan efectivo para su protección o restauración. Los dueños, ante la falta de incentivos y la complejidad de la normativa de conservación, prefieren permitir su colapso gradual para luego utilizarlos como zonas de parqueo o esperar oportunidades para nuevas construcciones.

Paradójicamente, mientras Rionegro se afianza como eje de desarrollo en el Oriente antioqueño, su legado histórico se desvanece. La misma ciudad que albergó figuras como José María Córdova, Liborio Mejía y Javiera Londoño, y donde se proclamó la Constitución de 1863, pionera en libertades civiles y federalismo, hoy se encuentra al borde de perder su esencia.

El panorama en Rionegro se asemeja al de otras localidades patrimoniales de Antioquia, como Abejorral o Marinilla, donde hace apenas un año se desplomó una casa de más de dos siglos de antigüedad. Ante esta situación, el alcalde Jorge Rivas hizo recientemente un llamado de auxilio al Ministerio de Cultura para que intervenga de forma urgente y se evite una tragedia patrimonial de mayores proporciones.

En palabras de historiadores y defensores del patrimonio, cada muro que se derrumba no solo elimina una estructura física, sino que arranca fragmentos de la memoria colectiva, erosionando la identidad de la región. La pregunta que queda es si las autoridades y la comunidad reaccionarán a tiempo para rescatar lo que aún se puede salvar, o si Rionegro se sumará a la lista de ciudades que cambiaron su pasado por parqueaderos improvisados.

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