En una finca de la zona cafetera, el sol de la mañana ilumina un prado salpicado de flores silvestres. Entre el verde del pasto, crecen plantas pequeñas, de hojas y formas diversas, que durante años fueron arrancadas o quemadas por considerarse malezas. Hoy, gracias a la curiosidad y el trabajo de dos estudiantes de la Universidad del Quindío, esas mismas plantas se han convertido en protagonistas de un cambio profundo en la ganadería regional.
Danna Valentina Castillo Molina y Daniela Castillo Henao, del programa de Zootecnia, decidieron mirar de cerca lo que otros ignoraban. Junto a su directora, la docente Luz Andrea Guevara Garay, y con la asesoría del biólogo Germán Darío Gómez Marín, recorrieron fincas ganaderas regenerativas en el Quindío y el norte del Valle del Cauca, identificando 48 especies de arvenses con un potencial sorprendente: mejorar la fertilidad del suelo, alimentar al ganado y atraer polinizadores esenciales para los ecosistemas.
Lo que encontraron cambió más que su trabajo de grado. “Fue inspirador ver que los ganaderos empiezan a priorizar la salud del suelo y el bienestar animal, sin depender de químicos”, cuenta Daniela. Para Danna, el descubrimiento va más allá: “Reconocer estas especies como aliadas, y no como enemigos, es dar un paso firme hacia una ganadería más sostenible”.
Los resultados del estudio —que documenta especies de 20 familias botánicas y sus beneficios ecológicos y medicinales— ya reposan en el Herbario de la Universidad del Quindío y servirán de base para una guía de campo digital. Esta herramienta será entregada a ganaderos y técnicos de la Asociación Colombiana de Ganadería Regenerativa (ACOGANAR), para que puedan identificar y aprovechar las arvenses en sus propios terrenos.
En palabras de la profesora Guevara, el impacto va más allá de la academia: “Es un conocimiento que conecta la ciencia con el campo y fomenta prácticas más sostenibles para toda la región”. Con este proyecto, la Universidad del Quindío reafirma su compromiso de impulsar desde las aulas investigaciones que fortalezcan la conexión territorial y aporten soluciones reales al sector agropecuario.
En esos potreros donde antes se veía “maleza”, hoy crece la esperanza de una ganadería más verde, más sabia y más respetuosa con la naturaleza.
