La sanción disciplinaria contra la teniente Adriana Rodríguez Segura, excomandante de vigilancia del Centro de Reclusión de Mujeres Villa Cristina en Armenia, no solo la aparta de la función pública por diez años, sino que deja al descubierto un problema más profundo: la normalización del acoso laboral en el Inpec y la debilidad institucional para prevenirlo.
En un fallo de primera instancia, la Procuraduría Regional de Juzgamiento del Quindío comprobó que Rodríguez Segura incurrió en conductas reiteradas de hostigamiento contra la dragoneante Isabel Cristina Buitrago Martínez, afectando su salud emocional, física y desempeño laboral. La falta fue calificada como gravísima a título de dolo, es decir, que hubo plena intención en el ejercicio de las conductas de acoso.
Aunque la oficial puede apelar la decisión, el caso se convierte en un campanazo de alerta: no es la primera vez que funcionarios del Inpec enfrentan señalamientos por abusos de poder. Informes de sindicatos penitenciarios y denuncias públicas han advertido que la jerarquía estricta en los centros de reclusión ha facilitado escenarios donde los superiores ejercen presiones indebidas sobre subalternos, muchas veces sin que existan canales efectivos de denuncia o acompañamiento psicosocial.
Especialistas en derecho disciplinario consultados por la Procuraduría en procesos similares han señalado que la sanción a Rodríguez Segura debería interpretarse como un precedente para otros casos en los que el maltrato laboral ha quedado en silencio. “Lo que está en juego no es solo la disciplina interna, sino la dignidad y la salud de quienes trabajan en condiciones ya de por sí adversas”, advierten.
El fallo, además de evidenciar una conducta individual reprochable, abre el debate sobre la necesidad de protocolos de prevención y protección frente al acoso laboral en instituciones carcelarias, donde el estrés operativo, la sobrecarga de funciones y el manejo de población privada de la libertad crean un caldo de cultivo para tensiones jerárquicas que, en algunos casos, terminan en maltrato sistemático.
