Este 1 de julio, el gobierno de Estados Unidos formalizó la clausura de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), tras más de seis décadas de operación global. La medida, impulsada por la administración del presidente Donald Trump y ejecutada por el secretario de Estado, Marco Rubio, marca un giro en la política exterior estadounidense, centrando la cooperación únicamente en proyectos alineados con los intereses estratégicos del país.
“Con esta decisión, dejamos atrás una era de ineficiencia. A partir de ahora, la asistencia exterior responderá a nuestros intereses nacionales”, expresó Rubio en un comunicado oficial que dio por finalizado el funcionamiento de la histórica agencia fundada en 1961 durante el gobierno de John F. Kennedy.
Desde ahora, el Departamento de Estado asumirá la gestión de los recursos destinados a programas internacionales, con nuevos criterios de financiación. Rubio explicó que se eliminaron el 85 % de los proyectos activos de Usaid, priorizando iniciativas que se ajusten a la política de “Estados Unidos primero”.
La decisión ha generado fuertes reacciones en diversos sectores. Expresidentes como George W. Bush y Barack Obama manifestaron su desacuerdo. Bush defendió el impacto positivo de iniciativas como el PEPFAR (Plan de Emergencia para el Alivio del Sida), mientras que Obama calificó el cierre de la agencia como un “error histórico”.
También figuras del ámbito humanitario, como el cantante Bono, lamentaron el fin de una institución que, según sus defensores, contribuyó significativamente al desarrollo y la salud pública en países en vías de desarrollo.
Una publicación reciente en The Lancet advierte sobre las consecuencias de esta medida: estima que hasta 14 millones de personas podrían perder la vida para el año 2030, muchas de ellas menores de edad, debido a la disminución de recursos destinados a salud y desarrollo.
Rubio, por su parte, defendió la decisión argumentando que el modelo anterior era insostenible y poco efectivo. Señaló que muchos países beneficiarios de la ayuda no respaldaban a EE. UU. en escenarios multilaterales como la ONU, y aseguró que los nuevos fondos estarán condicionados a resultados concretos y compromiso real de los gobiernos receptores.
Con la desaparición de Usaid, numerosos programas en América Latina, África y Asia —incluidos varios con presencia activa en Colombia— entran en un periodo de incertidumbre, mientras se define el alcance de la nueva estrategia de cooperación impulsada desde Washington.
