El campo se levanta: campesinos de papa y arroz bloquean vías en defensa de su sustento

Economía

El grito de los campesinos retumba en las carreteras del país. Desde tempranas horas del lunes, decenas de productores de papa bloquearon la vía Tunja–Bogotá a la altura de Villapinzón, mientras en Tolima los arroceros mantienen cierres en puntos estratégicos como Saldaña y Coello. La movilización no es solo por los precios o los insumos: es una defensa urgente del derecho a vivir del campo.

“Estamos al borde de la quiebra. No sembrar ya es más barato que cosechar”, lamenta don Álvaro, papicultor de la zona, mientras sostiene una pancarta que reza: “Sin campo no hay comida”. Junto a él, otros agricultores comparten café y dignidad bajo la lluvia, esperando que sus voces sean escuchadas.

Los manifestantes exigen respuestas inmediatas frente al alza en los costos de producción, la caída de precios en las centrales mayoristas, la competencia desigual con productos importados y el incumplimiento de acuerdos anteriores. “Solo queremos condiciones justas para producir. No pedimos regalos, pedimos que nos dejen trabajar con dignidad”, afirman desde la Asociación Nacional de Productores Agropecuarios.

En paralelo, en Tolima se vive otro pulso agrario. Allí, las protestas del gremio arrocero completan más de una semana y mantienen cerradas vías claves. La falta de cumplimiento por parte del Gobierno ha reactivado el malestar y, pese a que se instaló una mesa de diálogo en Bogotá con delegados de los ministerios de Agricultura, Hacienda y Comercio, los voceros campesinos insisten en que no levantarán los bloqueos hasta que haya soluciones claras.

La situación ha generado afectaciones en la movilidad, demoras y desabastecimiento en algunas zonas. Sin embargo, quienes protestan afirman que el verdadero daño es estructural: el abandono histórico al agro colombiano. “Sin políticas públicas que nos respalden, cada cosecha se vuelve una ruleta rusa”, advierte una lideresa del paro en Chicoral.

Mientras tanto, los ojos del país se dirigen al campo, donde cientos de familias siguen luchando por no desaparecer del mapa económico nacional. El reloj corre y el agro espera no solo promesas, sino acciones. Porque en cada costal de papa y cada bulto de arroz, va también la historia de un país que aún no logra saldar su deuda con los campesinos.

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