Hay personas que no solo viven en su tierra, sino que la hacen florecer. En Armenia, ese es el caso del doctor Alberto Gómez Mejía, jurista, ambientalista y soñador incansable, quien este año recibirá la Orden Cordón de Los Fundadores, el más alto reconocimiento que otorga la ciudad a quienes dejan huella profunda en su historia.
La distinción, entregada por la Junta Directiva del Cordón de Los Fundadores —conformada por la Alcaldía, la Diócesis, la Cámara de Comercio, el Comité de Cafeteros, el Club de Leones Monarca, la Sociedad de Mejoras Públicas, el Concejo Municipal y el Club Rotario—, es mucho más que un homenaje oficial: es un acto de gratitud hacia un hombre que hizo del respeto por la vida y la naturaleza su propósito esencial.
Desde su niñez en el Quindío, Gómez Mejía entendió que la relación con el entorno debía ser de armonía y no de dominio. Con esa convicción, fundó el Jardín Botánico del Quindío, un espacio que hoy no solo conserva especies y ecosistemas, sino que inspira a generaciones enteras a mirar la tierra con reverencia. Su proyecto “Fábrica de Tierra” ha enseñado que incluso los suelos más degradados pueden renacer cuando se cultiva conocimiento, compromiso y amor por lo natural.
Abogado de la Pontificia Universidad Javeriana, doctor en Ciencias Jurídicas y doctor Honoris Causa en Ciencias por la Universidad del Quindío, ha conjugado el derecho y la ecología con una visión pedagógica que trasciende fronteras. Ha sido alcalde de Armenia, conferencista internacional y autor de leyes que fortalecieron la legislación ambiental del país.
El reconocimiento llega como un tributo en vida a una trayectoria que ha dado frutos visibles y silenciosos: los bosques reforestados, los estudiantes inspirados, los ciudadanos conscientes. Gómez Mejía ha demostrado que el verdadero liderazgo se mide en raíces y no en aplausos, y que cuidar la tierra es también una forma de amar a la ciudad que lo vio nacer.
La Orden Cordón de Los Fundadores no solo honra su obra, sino que reafirma una idea poderosa: el Quindío tiene futuro mientras existan hombres y mujeres que lo siembren con esperanza.
